Reflexiones generales sobre los distintos agentes del arte contemporáneo en España (I): La Critica de Arte.

DP818589-1

Comenzamos una nueva serie de reflexiones generales sobre los distintos agentes que forman parte del establishment del arte contemporáneo en España y siendo este el primer artículo de lo que pretende ser una serie, me detendré un momento a explicar mis pretensiones.

Empiezo por el propio enunciado en el que me refiero a reflexiones, ya que no se tratan más que de eso, mis pensamientos sobre algunos de los temas a tratar. Es obviamente, una visión totalmente subjetiva y por ello en ocasiones al tratar de ser lo más breve posible pueden pecar mis opiniones de generalistas, de ahí la segunda palabra del enunciado.

Considero el análisis particular de los distintos agentes que configuran el panorama artístico español contemporáneo, fundamental para terminar en un análisis mas completo del sector y trato de centrar el asunto en la actualidad y en el espacio geográfico en que trabajo, ya que es el que mejor conozco y consta de unas particularidades que considero, merecen ser tratadas aunque ello vaya en contra de una mayor objetividad en el tratamiento de los temas tratados. Por supuesto lo general eclipsará muchas y buenas particularidades que son las que sin duda deberán también ser tratadas pero por desgracia creo que son las que menos llaman la atención.

Ante un análisis de la critica de arte contemporáneo en España, lo primero que deberíamos preguntarnos es ¿existe la crítica de arte en la actualidad? La respuesta, por supuesto, es que si. Pero ¿dónde?. Debería comenzar definiendo la crítica de arte, aunque probablemente lo que yo entienda como tal, difiera de la idea de otros lectores. Muchas veces se habla de texto crítico, sin serlo (no existe una valoración, se limitan a la descripción o justificación de una propuesta). Como en todos los demás sectores profesionales, vinculados o no con el arte, la crítica ha de ser honesta, y a dicha cualidad podríamos añadir otras como la independencia y un equilibrio entre los pasional y lo racional, diferenciar entre lo que nos gusta y lo que responde a unos parámetros de calidad inherentes a toda producción artística. Un equilibrio difícil de conseguir, entre lo objetivo y lo subjetivo en base siempre a la mencionada honestidad.

Lo más cercano a mi idea de crítica de arte se realiza en blogs y medios “no oficiales”. Los textos de revistas especializadas o catálogos, normalmente responden a encargos y no hacen otra cosa que tratar de contextualizar o conceptualizar la obra, no es una verdadera crítica ya que quien los escribe, esta condicionado por quien lo encarga. En ocasiones son trabajos de cierto interés pero no responden a nuestra acepción de critica de arte. Lo mismo puede decirse de los textos que aparecen en publicaciones periódicas, los cuales cada vez más habitualmente están escritos por periodistas sin formación especifica en materia artística sin necesidad de ser connaisseurs o aficionados, se limitan a simples reseñas informativas de las exposiciones, de los artistas o a destripar los textos curatoriales, las hojas de sala o cualquier texto que les envía la galería o la institución de turno para realizar dicha reseña.

Existe por lo tanto una critica de arte pero podríamos decir que de ámbito privado. Los críticos se han convertido en comisarios o en meros justificadores de los valores estéticos de una obra, de un artista, en a favor del mencionado establishment, de la justificación artística y por extensión como un valor añadido a la hora de comercializar con la obra.

Los críticos de arte actuales actúan como mercenarios en un sector caracterizado por la precariedad y en consonancia por una gran competitividad en la que lo importante es que hablen de ti, casi siempre bien, ya que por ello te pagan. Apenas existe una critica real , los textos se convierten en tesis especializadas para loa de quien los escribe y de quien los encarga. ue lo importítica real (honesta e independiente), los textos se convierten en tesis especializadas para loa de su protagonista, de quien los escribe y de quien los encarga.

El establishment se ha encargado de que todos los agentes artísticos se pongan a su servicio, que justifiquen exposiciones injustificables, que no se cuestionen sus gustos ni sus inversiones en materia artística. Dicho establishment se erige como estandarte de un gusto, de una tendencia, de una moda… en detrimento muchas veces de ciertos criterios de calidad al alcance de los connaisseurs, llegando a influir en los procesos de creación artística.

Pero ¿qué pasa son el público general?. Dicho establishment se ha encargado de alejar a la sociedad del arte contemporáneo generalmente a través de textos indescifrables, cargados de citas y referencias a otros textos literarios o de carácter filosófico que contribuyen a la encriptación de la obra más que a su difusión. Así mientras otros textos de carácter científico o tecnológico tratan de adaptar el conocimiento al mayor numero posible de personas mediante el empleo de un lenguaje lo más sencillo posible (y en ello han visto parte de su éxito tanto de aceptación como de ventas), el arte, por el contrario, parece seguir el camino opuesto lo cual ha contribuido a un alejamiento de la sociedad que considera el arte contemporáneo algo ajeno, que parece destinado al consumo de un a minoría intelectual con la cual la mayoría de la población no se identifica.

Esta especialización de los textos artísticos que parece justificarlo todo sin dar bases para su entendimiento, unido a las continuas noticias que aparecen en la prensa relacionadas con los millonarios records que adquieren algunas obras de arte, origina no sólo a una falta de interés hacia el arte contemporáneo, sino también un cuestionamiento constante de un sector que parece mofarse de quien no conoce las teorías de Lacan, Benjamin ó Derrida, de quien no haya introducido en su vocabulario vocablos como entropía, distopía o resiliencia. Y así parece que son las palabras, los conceptos que subyacen tras la obras de arte, las que le confieren un valor tanto artístico como monetario. Parece que se encripta el mensaje para justificar su valor, para potenciar ese carácter único de la obra, lo cual supone para quien la compra, un pase vip para ese exclusivo club de intelectuales (culturetas) que conformamos este reducido y endogámico mundo del arte contemporáneo en España.

My Way

*  Todas las imagenes has sido tomadas de internet.

 

 

 

De exposiciones por Gijón, octubre 2016. (II. Rubén Martín de Lucas en Bea Villamarin y Colectivo Surfcitizens en la Galería Adriana Suárez).

Desde finales del mes de septiembre podemos ver en la galería Bea Villamarin, la exposición de Rubén Martín de Lucas (Madrid, 1977), titulada “El Jardín de Fukuoka”. Creo que quizás sea está reseña que más tiempo me ha llevado de todas las escritas hasta el momento, cuando quizás es la que más clara tenía desde el  un primer momento en mi cabeza. El motivo de ello, la  reflexión que me ha originado, una vez me he puesto a documentarme sobre el concepto que se esconde detrás.

Sigo considerando que la presente exposición es la mejor, o al menos la que más me ha gustado, de todas las que he visto hasta el momento en esta galería (a falta de ver la actual exposición del fotógrafo Manuel Vilariño).

Se trata de una exposición que dota de coherencia a la obra y trayectoria de este artista y a sus preocupaciones sobre el espacio y como este es habitado o trasformado por el hombre, conceptos que no se alejan demasiado de los trabajos que realiza con el colectivo Boa Mistura, me refiero al concepto social, o más bien humano que se muestra en los trabajos de arte urbano pero también en la trayectoria más personal del artista.

En la anterior muestra individual del artista en la galería de Bea Villamarin titulada “La aldea flotante”, Martín de Lucas ya apuntaba algunas de estas preocupaciones (en este caso quizás de forma más evidente) reflexionaba sobre algunas maneras de habitar el espacio, aludiendo a algunos pueblos asiáticos caracterizados por habitar en casas flotantes, una forma de cohabitar con la naturaleza, de integrarse en ella, de adaptarse al medio. El resultado, unas imágenes fotográficas tratadas con distintas técnicas pictóricas en las que se representan algunas de estas curiosas construcciones.

Creo que la presente muestra supone una coherente evolución en la representación de un tema que parece interesar al artista, en este caso  las obras que podemos contemplar ahondan en estos particulares paisajes habitados por el hombre y más o menos intervenidos por él. Algo que también se puede sacar en comparación entre las dos exposiciones, así mientras en “La aldea flotante” las imágenes resultantes nos parecen menos interesantes por ser más evidentes, en “El jardín de Fukuoka” las obras adquieren un mayor interés, parecen mostrar una  profundización en el concepto, lo cual da como resultado unas obras, en apariencia, no tan evidentes a  favor de una tendencia a la abstracción de la propia idea.

El propio titulo de la exposición nos da las claves para entender lo que el artista pretende representar a través de unas formalmente amables. Contemplando las obras, desde un punto de vista formal, podemos diferenciar dos series distintas, una monocroma limitada en color, más sobria, en la que el autor juega principalmente con el blanco y el negro, y con unos motivos caracterizados por el orden y una cierta armonía aunque con algunos visos orgánicos, característicos de los temas que representa y otra más vital, más colorista,  y en cierta medida más caótica y con un colorido amable que confieren a las obras un carácter más orgánico, quizás más salvaje.

Todo lo dicho respecto a sus obras guarda intima relación con el concepto que las genera. El mismo título de la exposición “El jardín de Fukuoka”, así como algunas de las frases o palabras que se integran en las obras nos remiten al concepto taoista Wu-Wei (No acción), aplicado al campo de la agricultura por el biólogo, filosofo y agricultor japonés Masanobu Fukuoka en obras como La revolución de una brizna de paja o La senda natural del cultivo. 

Entre otras cosas Fukuoka introduce a la practica de la agricultura un un sistema de cultivo que denomina agricultura natural, basado en el principio taoista Wu-Wei (No acción) por el cual las plantas crecen sin realizar esfuerzo para ello, es decir, no influir en el natural devenir de las cosas, o traducido al lenguaje actual, dejar fluir. Exposición llena de color aunque sin duda destacaría las obras tituladas Desierto. Monocultivo como las más interesantes ya que  que se aproximan más el concepto Wu-Wei a la propia realidad o , acercándolo a su aplicación al campo de la agricultura, a Fokuoka,  podríamos referirnos a dejar crecer pero siempre dentro de unos limites por lo que se cuestiona el propio termino de libertad. Si eso lo extrapolamos a la política, campo en el que se originó el principio Wu-Wei, quizás las obras más coloristas sean la faceta más amable y menos interesante en relación concepto tratado aunque definen muy bien el positivismo que caracteriza a los trabajos tanto de Martín de Lucas como del colectivo Boa Mistura.

En cuanto a la exposición del colectivo Surfcitizens titulada “D.O.U.G.L.A.S., la última ola de la tierra” (2016)  que puede verse en la galería Adriana Suárez, decir que se trata de un proyecto presentado en la Noche Blanca de Gijón 2016 y pese a mi primer valoración tras conocer el proyecto fue una cierta desilusión ya que consideraba que se trataba de un proyecto sin fundamento, fruto de una falta de planteamientos e ideas por parte tanto de la galería como de los artistas. Comentar al respecto para quien no lo sepa, el Ayuntamiento de Gijón dota de una cierta cantidad de dinero público a las galerías museos participantes apara las actividades que se han de realizar durante la emocionada noche, y les empleo de dinero publico conlleva una cierta responsabilidad que, en mi opinión no siempre se refleja en las actividades propuestas. Debido a ello  mi recelo inicial hacia dicho proyecto. Pero he de reconocer que esta vez me equivoqué.

Muchas son los artistas que se han interesado por la representación plástica de una ola,  a casi todos nos vendrá a la mente la obra de Hokusai, aunque yo por proximidad, remito a la gran obra de Juan Martínez Abades (Gijón, 1862- Madrid, 1920) que se puede contemplar en el Museo Casa Natal de Jovellanos.

La obra presentada titulada “D.O.U.G.L.A.S., la última ola de la tierra” (2016) está conformada por una estrutura en la que se sitúan una serie de tubos fluorescentes.

El colectivo Surcitizens hacen referencia con esta obra a un ficticio futuro apocalíptico en el que la obra presentada sería un vestigio de algo que ya no existiría en un mundo dominado por las multinacionales y en el cual la naturaleza ha quedado completamente aniquilada por el ser humano en su ansia de riqueza a base de la explotación tanto de recursos naturales como humanos. Un futuro que nos recuerda al que se muestra en multitud de películas y novelas. La obra representa por lo tanto un vestigio de un elemento de la naturaleza que ya no existiría, un llamamiento a la cordura y a la responsabilidad en el uso y abuso de recursos y una interesante recreación de un mundo asusta. Todo un relato de ciencia ficción que da como resultado una obra visualmente muy atractiva y que se adapta e integra muy bien en el pequeño espacio de la galería.

 

14368767_10154664599278530_7713541189528031441_n

D.O.U.G.L.A.S, la última ola de la tierra

Imágenes tomadas de la Web.

 

 

 

 

 

Un paseo por el Niemeyer, octubre 2016 (“Ellos quieren zoar” de Jacobo Bugarín y “Small Things in Silence” de Masao Yamamoto).

Trataré de ser tan breve en esta reseña como lo ha sido mi visita al centro Niemeyer de Avilés.

Nada mas llegar al centro, con el tiempo justo para ver las exposiciones que había en ese momento, me dispuse a entrar por la puerta de la taquilla para adquirir mi entrada, estaba averiada, algo que me sorprendió en un edificio relativamente nuevo y que no ha sido precisamente barato. Señalar que, de todo el recinto, solamente estaban abiertos al público la cafetería, la librería donde se estaba llevando a cabo un taller infantil con gran éxito de público, la pequeña sala dedicada a otro de los proyecto premiados con una de las becas AlNorte de este año, y la mitad de la sala de exposiciones en la que se encuentra la exposición de Masao Yamamoto (prefectura de Aichi, Japón, 1953).

Cabe destacar positivamente la alta ocupación de la plaza pública, en la cual había gran cantidad de niños disfrutando del espacio, lo que nos sorprendió muy gratamente ya que dicho aprovechamiento responde a una de las premisas fundamentales de la arquitectura de Niemeyer. Por desgracia, la dejadez hacia una torre que da la sensación de abandonada, al no encontrar un contenido adecuado para la misma así como la no apertura de la característica cúpula, que parece se encontraba en un periodo de montaje o desmontaje de la exposición previa, aunque creo ello no debería ser un inconveniente para que los visitantes puedan o contemplar este curioso y característico espacio.

Dicho esto comentar la primera de las exposiciones que hemos podido ver, la del artista Jacobo Bugarín (Santiago de Compostela, 1983), titulada “Ellos quieren zoar”. Se trata de uno de los cuatro proyectos expositivos, que han sido galardonados con una beca AlNorte para la producción de un proyecto artístico como hemos dicho en otra reseña anterior, en principio, concebida para este espacio concreto.

Lo cierto es que tenía muchas ganas de ver esta exposición, había leído algo sobre ella, sobre el proyecto y creo que planteaba conceptos interesantes sobre la utilización de espacios públicos (relacionando  de alguna manera la degradación de dichos espacios con su propio disfrute y por extensión, la consideración o desconsideración hacia lo público por parte de la ciudadanía, en este caso vinculado a la gran generación de residuos, vinculados a dicho disfrute o a la propia identidad del usuario). Algo que no me pareció ver recogido en el texto que explica el proyecto, es la relación que parece establecerse entre el aprovechamiento de dichos espacios por parte de las grandes marcas, de las grandes multinacionales, tanto de forma directa, apropiándose del lo público mediante un patrocinio interesado, o de forma más sutil, como se aprecia entre los restos y residuos derivados de dicho disfrute del espacio. Una forma más que viral de publicitar algunas de estas marcas a través de dichos residuos. Como hemos dicho, conceptos interesantes y complicados que en mi opinión, no son más que esbozados en las obras o en el proyecto expositivo que aquí podemos encontrar.

Así pues nos resulta un proyecto expositivo formalmente bastante flojo teniendo en cuenta lo complicado de los conceptos tratados. La exposición consta a nuestro entender de tres hilos discursivos que no muestran conexión entre ellos salvo que, como espectador,  muestres un verdadero esfuerzo  e interés por vincularlos conceptualmente. Ese nexo de unión podríamos encontrarlo en el friso que recorre el suelo de la plaza del Niemeyer con los logos de algunas de estas marcas  de forma muy sutil, tanto que me di cuenta,  por casualidad, de una de pista fundamental para la comprensión del proyecto. Otra pista es el subtitulo del mismo la exposición “gamberro, víctima, héroe”, el cual no hemos visto más que a posteriori en la propia web del artista.

Exposición con mucho potencial en cuanto a concepto, pero difícil de comprender mediante una resolución formal en la que se hace indispensable un texto en el que se den las claves para su interpretación.

Aludiendo a ese sutilidad de las cosas, destacar  la exposición de Masao Yamamoto titulada “Small Things in Silence” comisariada por artista José Ferrero. Exquisita exposición fotográfica, con una selección de obras que buscan la mera contemplación, el detalle.

Sin ningún tipo de pretensión en su obra, más que destacar, sublimar,  aspectos nimios de nuestra realidad, la visita se convierte  una especie de catarsis ante la inmediatez y fugacidad que caracteriza a los tiempos modernos. Todo un remanso de paz espiritual y una forma sencilla de acercar la realidad, el detalle, al espectador. Poco más que añadir a una experiencia de los más recomendable actualmente en cuanto a exposiciones a ver en la región.

 

Para más información sobre el artista y su obra: http://www.yamamotomasao.jp

 

Todas las imágenes han sido tomadas de la Web

 

 

 

 

 

De exposiciones por Gijón, octubre 2016. (I. Museo Barjola: Efecto Barnum, Alejandro Mieres y becas AlNorte).

Comienzo este nuevo paseo desde el mismo punto de partida que en paseos anteriores. El mes de octubre concentra una variada oferta expositiva, comienza la temporada para las galerías, se celebra una nueva edición de La Noche Blanca, y también tiene lugar la XV Semana de arte contemporáneo de Asturias (AlNorte).

Comenzamos la visita por la planta baja del Museo Barjola donde tenemos una exposición titulada “Efecto Barnum” con obra  de Irma Álvarez-Laviada (Gijón, 1978) y Jorge Perianes (Ourense, 1974), comisariada por Alfredo Aracil. La exposición se sitúa en el hall de entrada y una instalación conjunta en la Capilla de la Trinidad. Obras interesantes de dos artistas que creo han evolucionado hacia un lenguaje más conceptual, pero manteniendo las referencias a las artes más clásicas. Conozco un poco más la trayectoria de Irma, creo que es una artista que siempre ha sentido cierto interés por el espacio, sus obras siempre han mostrado esa preocupación por ocupar el espacio y precisamente en eso se convierten en muchas ocasiones. Pienso que sus obras son más bien ocupaciones del espacio en las que el color y  los materiales empleados, están ideados para destacar la parte más humana o más relacionada con el componente humano de habitar dicho espacio. En las últimas obras que he podido ver ese esta artista, centraba esa fijación  hacia la obra de arte en sus componentes más básicos, aquellos elementos materiales que configuran un cuadro, (tela, bastidor,… ) aunque en una magnífica obra suya colgada en la última edición de ARCO2016, pude comprobar como su nueva obsesión por los materiales, por lo componentes de todo cuadro, no había conseguido vencer su más antigua obsesión por la ocupación del espacio.

Irma Álvarez-Laviada, ARCO2016.jpg

Irma Álvarez-Laviada, ARCO2016.

De Jorge Perianes poco que decir, he visto algunas de sus obras principalmente en ferias, y lo cierto que es un nombre que me sonaba ya que algunas de sus propuestas me llamaron la atención. Creo que, a muy grandes rasgos, mucho de lo que he dicho sobre la obra de Irma puede decirse de las obra de Perianes, me refiero principalmente a sus preocupaciones por el espacio, aunque los resultados de ambos, sus procesos mentales, dan como resultado obras muy diferentes. La obra de Perianes, juega con la ironía de los objetos, con las escalas, con su descontextualización, creando obras de gran impacto visual que contrastan con las obras de Irma que, formalmente más seria, plantea obras de cierto valor conceptual, en principio, difícilmente asimilables por el público general aunque con cierto éxito en el mercado, en los certámenes, entre los comisarios… me gusta decir de ciertos artistas, generalmente vinculados con el arte conceptual, que son los enfants terribles del arte contemporáneo actual (o más bien del mercado).

La presente exposición nos presenta un interesante dialogo entre dos artistas que entienden el espacio de la capilla como un lugar en el que dar rienda sueltas a sus investigaciones, una mezcla entre la seria sutileza de la obra de Irma con la evidente ironía de las obras de Perianes. Como pasa en todo dialogo, ambas partes ceden un poco a su interlocutor, algo que también apreciamos en esta muestra. La obra de Irma juega con la sutileza del blanco sobre blanco, nada nuevo, pero apreciamos en esta obra una cierta ironía que, bien creemos, es un componente siempre presente en su obra. Aquí se muestra un poco más evidente, una concesión a Perianes, el cual corresponde con una mayor sutileza y delicadeza en sus obra. A sus preocupaciones por el espacio, se añade en este caso una preocupación por el tiempo (conceptos inseparables y a su vez relacionados con el movimiento otro concepto al que, de alguna forma, parece hacer también referencia esta exposición). Es esta una exposición en la que, cuando crees que ya la has visto, aparecen nuevos detalles, nuevas obras. Nos recuerda, salvando todas las distancias, a la primera exposición dadaísta, debido a la aglomeración de objetos, obras, que habitan el espacio aparentemente de forma caótica y sin sentido, pero cuando te detienes a reflexionar sobre lo visto, cuando empiezas a unir todas las piezas del puzzle, todo termina cobrando sentido.

En cuanto al título de la exposición “Efecto Barnum”, que como explica el comisario Alfredo Aracil en la nota de prensa, en psicología hace referencia “al fenómeno que explica la facilidad con que los individuos se adhieren a descripciones de su carácter supuestamente realizadas para ellos, pero que en realidad son tan generales y vagas que podrían ser aplicadas a un amplio espectro de gente”, bien podría referirse a mi texto, pero lo cierto es que no encuentro mucho sentido entre la nota de prensa y las obras expuestas, entre lo que se dice y lo que yo veo (aún pareciéndome un texto interesante y bien estructurado), pero es un tema en el que no quiero extenderme en este momento.

irma6

Subimos a la primera y segunda planta donde se encuentra la exposición titulada “Llegó la noche y no quiero dormir sin memoria” que pretende ser una exposición antológica del artista Alejandro Mieres (Madrid, 1927) comisariada por Víctor Manuel Picallo González.

Creo que no hace falta presentar a este artista a los lectores asturianos, pero veo necesario mostrar mi punto de vista. Alejandro Mieres es un artista, como muchos otros, sobrevalorado dentro de nuestra región. Fue “utilizado” durante décadas por el gobierno socialista como ejemplo de modernidad y base de toda la política cultural que se desarrollaba en Asturias y principalmente en Gijón, oportunidad muy bien aprovechada por el artista.

En la década de los 90, su obra intentó imponerse incluso en el mercado nacional aunque no con tanto éxito, quizás si de ventas pero no por parte de la crítica y de otros profesionales del arte. No quiero decir con esto que su obra no alcance en ocasiones gran calidad y originalidad mediante sus característicos surcos en la materia pictórica, consiguiendo interesantes juegos ópticos con los reflejos de la luz sobre algunas de las superficies que se crean. Dicho esto, creo que esta exposición no hace ninguna justicia al artista. En el primer piso sus primeras obras, dibujos bastante rígidos, muy forzados, tanto en composición como en ejecución, salvo un par de excepciones. En cuanto a sus primeras obras caracterizadas por una figuración con rasgos heredados del denominado primitivismo pictórico, y con cierto carácter expresionista, pueden resultar interesantes por la adopción de una lenguaje muy en boga entre el arte de vanguardias español. Quizás ese sea el valor de esta primera parte de la exposición, como el artista juega con los distintos lenguajes artísticos, en búsqueda de un lenguaje propio. No me parecen obras que deban de ser destacadas dentro de la trayectoria del artista como obras relevantes,  en todo caso su valor reside en mostrar los procesos de evolutivos de la obra de este artista.

En las segunda planta del Museo continúa la exposición de Alejandro Mieres, con una obra quizás más característica suya a la cual ya nos hemos referido, pero las obras que aquí se muestran creo que no hacen justicia alguna al artista, lo cierto es que he visto obras mucho mejores del artista que las aquí expuestas a modo de homenaje. Esta parte de la exposición pretende ser un resumen de su trayectoria desde la década de 1960 hasta 2012. Cierto interés algunas piezas, no muy grandes, de la década de 60 y sin duda alguna destacaríamos la titulada “Mar y Noche”(2011). Lo mejor de la exposición, además de esta pieza, sería el catálogo. Desafortunadamente, perece que se acabaron todos en la multitudinaria inauguración de la muestra pero, para los interesados, aquí dejo un enlace para acceder al mismo http://www.museobarjola.es/upload/publicaciones/Catalogo_MIERES_24136.pdf

alejandro_mieres_mar_y_noche_2011

“Mar y noche”. Alejandro Mieres, 2011.

En la tercera planta del museo, la exposición titulada “El musical industrial”, de la bailarina, escenógrafa y “performer” Mónica Cofiño (Barcelona, 1980), quien de alguna forma documenta parte de los trabajos desarrollados por ella y por el colectivo La Xata la Rifa. Este proyecto expositivo se integra dentro de las actividades de la  XV Semana de Arte Contemporáneo de Asturias, y es uno de los cuatro proyectos ganadores de la nueva edición de las becas AlNorte, organizadas por el crítico de arte y comisario  Ángel Antonio Rodríguez y el diario El Comercio.

Conozco al colectivo La Xata la Rifa y he podido ver alguna de las performances de Mónica Cofiño, y lo cierto es que me han gustado, creo que consiguen acercar el arte (o más bien en este caso la creación y la experiencia artística) al espectador. Sus actuaciones o performances siempre con un marcado carácter lúdico, consiguen integrar a quienes la contemplan. Su actividad esta dirigida a la integración de la comunidad en los propios procesos convirtiéndolos en verdaderos protagonistas,  aspecto muy destacable ya que como hemos comentado, el arte contemporáneo al servicio del mercado, parece buscar más bien lo contrario.

Dicho esto, creo que el colectivo son dignos merecedores  de un reconocimiento por su labor, pero al ver el proyecto expositivo, no me ha parecido muy interesante. Recoge la trayectoria de la artista y del colectivo, vestuario de algunas de sus acciones y fotografías que las documentan, pero poco más.

Las obras de Mónica Cofiño y  La Xata la Rifa están más relacionadas con las artes escénicas, el teatro y la danza, quizás sus trabajos se puedan vincular con las artes visuales por su carácter performativo. No es lo que yo espero de las becas AlNorte (si de sus actividades paralelas). Lo más atractivo de estas becas es la relación que se establece entre cuatros espacios concretos de Asturias a intervenir por los artistas, algunos de estos muy atractivos por sus particularidades lo cual en mi opinión llama a la creación de un proyecto site specific por parte del artista y eso es lo que echo en falta en la presente exposición. Si he de ser sincero me gustaría que Monica y el colectivo fuesen premiados y reconocidos por el mundo de las artes escénicas, pero también que las becas AlNorte se centrasen más en otras disciplinas artísticas y en proyectos site specific para los interesantes espacios a los que se vinculan las obras premiadas, creo que en este caso como en todos, debe primar la obra, el proyecto, sobre el artista y me parecería muy triste que no se hubiesen presentado proyectos más interesantes que “El musical industrial”.

 

 

*Todas las imágenes han sido tomadas de la Web

De exposiciones por Gijón, agosto 2016, (III. Galería Gema Llamazares y Galería Espacio Líquido).

Termino el paseo con dos de los espacios más interesantes de Gijón. Comienzo  por lo tanto está tercera y última reseña con una introducción conjunta a estos dos espacios, ya que con sus particularidades, creemos que tiene importantes puntos en común y sus diferencias también nos resultan interesantes para tratar de discernir entre dos formas distintas de enfrentarse al presente y al futuro del mercado del  arte, un sistema cada vez más critico con modelos que se consideran anticuados y criticado por la gente ajena a lo que se denomina “circuito  de galerías” ya que parece, son  las únicas legitimadas para decidir lo que es ARTE (con mayúsculas), ya que aún ostentan el gran peso y control del mercado y yo creo, que por mucho tiempo.

Pero vayamos por partes y comencemos con aquellas características comunes (las cuales en Asturias también pueden extenderse a ATM-Galeria Altamira o al espacio ovetense gestionado por Guillermina Caicoya). Ambas galerías forman parte de ese mencionado “circuito de galerías” y su presencia es frecuente en algunas de las más importantes ferias de arte nacionales. Son conocidas y valoradas dentro del circuito artístico nacional de un primer nivel, a pesar de que en los últimos años no hemos contado con presencia de galerías asturianas en ARCO (si de artistas asturianos). Siento que mis palabras se centren es describir un mercado del arte caracterizado por su opacidad. Me resulta muy difícil, imposible, hablar de un arte mejor o en cierta medida superior a otros en función de su presencia en el mercado, en esas grandes ferias, pero es inevitable. Son la parte más dinámica del mercado artístico, aquellas obras escogidas por siempre cuestionados expertos (las galerías parecen delegar cada vez más el contenido teórico de las exposiciones a comisarios u otras figuras relacionadas con el mundo del arte), que forman parte del propio mercado y elaboran un producto artísitico de consumo en función a su gusto o a sus intereses especulativos.

Me guste o no me guste, como dicen por aquí, ¡Ye lo que hay!. Puedo estar más o menos de acuerdo con ciertos criterios, con ciertas valoraciones o incluso con ciertas formas de actuar, pero valoro enormemente la labor de todas y cada una de las galerías de arte asturianas, muchas para una región tan pequeña, aunque nunca las suficientes para satisfacer la demanda de espacio expositivo por parte de los artistas, en gran parte debido a la falta de compromiso por parte de las instituciones públicas.

Probablemente esta desidia hacia el arte por parte de lo público pueda haber favorecido la oportunidad perfecta para el afianzamiento de las galerías como agente principal para la difusión artística, y ello unido a su lícita (aunque cuestionada) visión  mercantilista, les ha conferido prácticamente el monopolio de todo el mercado asturiano (con ciertas excepciones algo similar pasa a nivel nacional), lo cual entiendo que incordie a quien no tiene posibilidad de exponer con ellas, de que su obra sea expuesta en ferias y pueda pasar a formar parte de ese caprichoso, oscuro, codiciado y odiado mercado, formar parte del circuito artístico , poder vivir lo más dignamente posible de lo que verdaderamente te importa el ARTE.

Por el momento la cosa está así, hay quien dice que cambiará, el presente del arte está en manos de las galerías, de los coleccionistas, de los comisarios, de las ferias,  parece que el futuro está en la red. Tanto Gema Llamazares como Espacio Líquido (también ATM-Altamira, Guillermina Caicoya  y, siendo honrados, Aurora Vigil Escalera) han sabido aprovechar su oportunidad, cada una a su manera , y contribuir a divulgar al menos parte de la creación asturiana contemporánea.

Entro en Gema Llamazares, exposición colectiva titulada “Los espacios inventados” con obras de Elena Rato (Oviedo, 1979), Antonio Gil-Morán (León, 1959), Gabriel Truan (Madrid, 1964) y, casi me olvido de María Jesús Rodríguez (Oviedo, 1959). Lo cierto es que ese olvido me obliga a repensar todo lo que tenia previsto escribir sobre la exposición, pero afortunadamente se convierte en argumento a favor de mi sensación al ver la muestra.

Ganas de ver esta exposición, Elena Rato y María Jesús Rodríguez, son dos artistas que me gustan bastante, tenía pensado destacar una de las obras de Elena Rato, aquella que se proyecta sobre la pared, fuera de los limites del marco a modo de instalación, pero al recordar la obra de María Jesús Rodríguez, debo cambiar mi valoración. Recuerdo haber visto estas obras en una reciente exposición que tuvo lugar en el CMAE de Avilés. El lugar en el que se había realizado la instalación de María Jesús, por sus particularidades, potenciaba las formas y la verticalidad de unas obras que parecen ahogarse en el espacio de la galería, algo similar ocurre con la obra de Elena que parece constreñida por el espacio.  La razón de no recordar quizás la mejor de las obras de esta exposición la encuentro en un intento irracional por recordar la pieza en el CMAE, y no la agonía de la misma en el espacio de la galería.

Quizás  sean las obras de Gil Morán las que mejor se enfrenten al espacio ya que, las de Gabriel Trúan, por su verticalidad, unida a su situación cerca de las escaleras, potenciando dicho carácter quizás de forma pretendida, confiere a las obras cierta vaporosidad en contra de la rotundidad que adquieren las obras en el tratamiento de los fondos con tonos dorados que dotan a las obras una presencia que tiende a desvanecerse .

los-espacios-inventados-2        images

La exposición cuenta con obras interesantes  pero no se establece ningún dialogo entre las mismas y el complicado espacio parece interrumpir cualquier intento de comunicación, lo cual contribuye a crear en el espectador una cierta sensación claustrofóbica y a la vez un tanto aséptica.

En la misma galería, en el denominado Espacio 2, se ha reciclado una exposición de Federico Granell (Cangas del Narcea, Asturias, 1974), que había ocupado hasta el momento los dos espacios de la Galería. He de detenerme un momento ya que supone todo lo contrario a lo comentado sobre “Los espacios inventados”.

La exposición titulada “La vida imaginada” es una de las exposiciones más completas que he podido ver en una galería asturiana este año, no por la calidad de las obras expuestas, que tambien. “La vida imaginada” supone un ejercicio de contextualización de la obra muy bien resuelto por el artista pero también por Natalia Alonso Arduengo activa profesional del arte asturiana, quien produce un texto que ayuda a contextualizar perfectamente la obra a través de una historia, no se recurren a planteamientos filosóficos, simplemente se acude a la experiencia de lo vivido. Esta muestra te sumerge en el propio universo del artista a través de los personajes que el mismo crea, pero no se limita a la representación. El artista representas escenas y escenografías en las que habitaron dichos personajes.

En un momento en el que la cultura parece enfrentarse a la industria del entretenimiento , a la cual parece que cada vez más sometida, esta exposición supone la imbricación perfecta entre ambos. La experiencia vivida en la visita es similar a la que puedan aportar otros medios artísticos más vinculados a ese carácter lúdico como son el cine y el teatro, y es que nada más entrar por la puerta de la galería, tras ver el álbum fotográfico rescatado de un mercadillo parisino, nos sumergimos en la historia inventada de esa familia, compartimos los espacios y los acontecimientos que ellos parecen haber vivido, como si nos convirtiésemos en protagonistas de un libro o de una pelicula, en la que el artista se limita a orientar con sus obras nuestra imaginación, a darnos las pautas básicas para adentrarnos en la historia narrada. A ello contribuye el aprovechamiento del privilegiado pero difícil espacio de la galería, sus inquietantes instalaciones que parecen reivindicar la propia vivencia de los personajes, sus pensamientos, sus miedos. El empleo de tablas y porcelanas procedentes de la antigua fabrica de loza de San Claudio, ayudan a que hagamos un poco más cercanas esas vivencias, con recuerdos y elementos que forman parte de nuestra propia memoria (resulta significativa la forma de trabajar por parte del artista, rescatando aspectos y elementos del pasado y dándoles una nueva vida).

Ahora sí, termino mi paseo  con una última parada en Espacio Líquido. Las ganas son muchas ya que hace tiempo que no acudo a esta galería y aquí me espera la exposición “Estructuras primitivas”, una muestra conjunta de Job Sánchez (Ares, A Coruña, 1979) y Jorge Nava (Gijón, 1980), artistas cuya obra valoro en especial.

A ambos los llevo siguiendo desde hace ya bastantes años, sé más o menos lo que están haciendo y por ello me resultaba tan atractiva esta visita. De la obra de Job siempre he admirado esa sutileza en la aplicación de las manchas, de los colores, esas pinturas que rezuman frescura, y que transfieren al espectador la sensación de que el artista ha disfrutado pintando. Los últimos trabajos que he visto de Job me sugieren un estudio del espacio a través del juego, de la experimentación con un tangram. Lineas que delimitan campos de color, superficies que, a veces quedan en blanco y otras formas son tratadas con diferentes técnicas, o tratamientos pictóricos.

La obra de Jorge Nava por el contrario, es una obra visceral, pasional, grandes gestos, brochazos y manchas de color que, de alguna forma definen figuras o expresan sensaciones. Diferentes, casi opuestas, maneras de entender, de enfrentarse, a la creación, con resultados formales muy distantes pero que sin duda, como vemos en la exposición, se complementan a la perfección. De las últimas obras de Jorge, en las que la figuración cede protagonismo al propio gesto y al color a favor de una mayor expresividad, podemos decir que es la evolución lógica de su pintura hacia la abstracción si tenemos en cuenta algunos de los artistas que conforman la historia del arte, cierto es que las primeras obras de este artista , en las que experimenta esta búsqueda de lo abstracto, sin desligarse totalmente de referencias figurativas que caracterizaban su obra, nos parece precisamente eso, obras de experimentación, pero en la actual exposición, la obra más grande de las que ocupa el espacio central es quizás la mejor de estas nuevas obras, creo que ha conseguido alcanzar algunos de los logros que se insinuaban en obras anteriores. Podría decir que ya es una obra acabada, es decir, el gesto, el color , la composición y sobre todo la superposición de las manchas, muestran el dominio que el artista tiene de la pintura, y toda esa fuerza creativa, o más bien creadora, se canaliza a través del oficio y de la técnica.

Creo que en buena medida muchos de los logros conseguidos por Jorge Nava con esta obra, se potencian en el dialogo que se establece con la obra de Job, de la cual además de todo lo dicho, he de destacar el diverso y enriquecedor tratamiento de las superficies delimitadas por las lineas geométricas, desde las diferentes calidades (y técnicas) pictóricas empleadas, hasta la integración del collage.  En definitiva , una muestra que nos deja con ganas de más pero que indica una de las características más importantes del arte asturiano actual, el compañerismo y el buen ambiente entre los artistas. Todo un acierto de exposición y todo un placer el disfrutar de la obra y del dialogo entre dos de las figuras más interesantes de la que también es mi generación.

laescena_espacioliquido6

laescena_espacioliquido1

Ahora sí termino, con una breve referencia a aquello que diferencia  a estos dos espacios de referencia gijoneses, galería Gema Llamazares y Espacio Líquido, con una reflexión  probablemente equivocada, sobre como estos se enfrentan a las exigencias del arte pero sobre todo del mercado actual. No voy a detenerme en el tipo de obra (soporte, estética o dimensiones), más bien me referiré muy brevemente a las diferentes estrategias expositivas o de posicionamiento  que están llevando a cabo ambos espacios. Así simplemente decir que mientras Gema Llamazares parece seguir  una estrategia de actividad constante, casi frenética, con un importante programa anual de exposiciones, en las que el arte actual más en boga en el panorama artístico nacional convive con algunas propuestas más consolidadas de artistas asturianos, Espacio Líquido ha reducido su presencia en ferias, cuando dicha presencia estaba totalmente consolidada, apostando por interesantes y exquisitas exposiciones pop up , en un espacio más reducido. Entiendo que su labor se centra más en el trato directo con el coleccionista, en lugar de una actividad más abierta al público los cual supone un mayor esfuerzo, principalmente a nivel económico pero también a nivel de exigencia en cuanto a carga de trabajo, que quizás no compense económicamente  pero tampoco a nivel personal ya que la mayor parte de los días, los espacios expositivos permanecen vacios de público y clientes.

*Todas las imágenes han sido tomadas de la Web, principalmente de la página http://www.laescena.es

De exposiciones por Gijón, agosto 2016, (II. Horizontes Gallery, Bea Villamarín Y Galería Adriana Súarez).

Continuando nuestro paseo por galerías y museos de Gijón, habíamos quedado saliendo del Museo Barjola y es que, frente a la entrada del Museo, vemos  una imponente obra de Vicente Pastor (Barcellina, Luarca, 1956), recuerdo haberla visto en redes sociales y haberme llamado especialmente la atención tanto la obra como el interesante espacio en el que se mostraba.

Cruzo la acera y entro en un pequeño pero interesante espacio dedicado no sólo al arte sino también al diseño, tanto de complementos de moda, como de juguetes o mobiliario de decoración. Pese a que este carácter heterogéneo sabemos que va en contra de cierta estrechez de mira por parte de muchos de los creadores relacionados con las artes plásticas, denostándolos como lugares de marcado caracter mercantilista (¿qué serán entonces las galerías…?), nosotros no tenemos más que buenas palabras y todo nuestro apoyo a cualquier iniciativa que se desarrolle relacionada con la cada vez más prostituida creatividad, la promoción y la comercialización artística.

Desde que entramos por la puerta todo nos llamó la atención, la rehabilitación del espacio, muy acertada. No me sorprende cuando me dicen que es obra de Longo+Roldán, ciertos detalles en cuanto a la forma de entender los espacios y los materiales y el cuidado de hasta el más mínimo detalle, se han convertido en firma de sus trabajo. En este caso la habilitación del espacio se convierte en  una obra en si misma, el espacio perfecto para mostrar lo que aquí se vende, un espacio neutro pero con personalidad, marco ideal para el mobiliario de diseño que se oferta.  Entre los objetos, obras cerámicas de Julia Gallego (Gijón, 1972), pinturas de Javier Victorero (Oviedo, 1967) y Ramón Isidoro (Valencia de Don Juan, León, 1964), junto a la ya mencionada de Vicente Pastor, ilustraciones de Marcos Recuero (Gijón, 1972) e inquietantes  fotografías de Victor Longo (México, 1971), uno de los arquitectos que ha ideado este espacio.

Terminar  la visita con otra de las obras que allí contemplé, una fotografía de Marcos Morilla (Gijón, 1967), uno de sus paisajes nevados. Había visto alguno de ellos en la galería de Bruno Trelles, pero este en concreto, no lo conocía, y como muchas de sus obras , caracterizadas por la sencillez, por una componente gestual que confiere a estos paisajes un componente lírico, que nos recuerda las teorías de lo sublime aplicadas a la contemplación de la naturaleza, pero destacando ese aspecto gestual, reduciendo los pasajes a meros trazos, que nos evocan  la caligrafía japonesa.

01g

Tras esta gratificante parada, continuo mi paseo hacia Bea Villamarín arte & coleccionismo. Espacio también relativamente reciente, creo que no nos hemos referido a él en nuestro Fanzine, así  que lo presentaré brevemente. El espacio es de lo mejor de Asturias en cuanto a espacios privados vinculados a la venta y exposición de obras de arte, espacio muy diáfano con muchas cristaleras que permiten ver las obras desde el exterior. Los encargados del espacio, Bea y Dani, muy buenos profesionales, jóvenes, dinámicos y con amplia experiencia en el sector ya que trabajaron durante bastante tiempo en la recientemente desaparecida Sala de arte Van Dyck, quizás aquí se encuentre, en nuestra humilde opinión, uno de los puntos débiles de Bea Villamarín, la adopción de antiguas maneras propias de un galerismo más clásico. Unido a ello, una propuesta expositiva que no me parece la más atractiva. Quizás responda a una vertiente más comercial, linea en la cual me considero profano, pero creo que no tiene que estar reñida con la calidad. Justo es decir que lo que aprecio en esta galería es el trato con los artistas, me parece algo curioso, ya que sus exposiciones reflejan un crecimiento, una evolución  de quienes trabajan con ellos , me explico, y para ello me viene perfecto la exposición que tenían, una individual del pintor Carlos Tardéz (Madrid, 1976).

Conozco la obra de este artista desde hace tiempo en sus frecuentes exposiciones en la mencionada Galería Van Dyck , y su última muestra es quizás la mejor de las que he visto suyas, debido a que,  pese a no gustarme la iconografía animal que caracteriza sus obras, las últimas que pude contemplar en el espacio Bea Villamarín, me dieron la sensación de ser más libres, menos encorsetadas, en definitiva,  más  frescas. Y esto podría considerarse un hecho aislado, casual, fruto del trabajo y la investigación del artista, pero cuando la misma premisa, la misma frescura, podemos encontrarla en otros artistas que trabajan con la galería, me da pie a creer que no es fruto de la casualidad, más bien del ambiente creado en torno a la propia galería y nos parece esta una cualidad muy destacable  a la cual habría que añadir una selección de obras cada vez más afinada. Muestra de ello es la actual exposición de Rubén Martín de Lucas (Madrid , 1977), en mi opinión la mejor que hemos podido contemplar es en este espacio hasta el momento, y a la cual dedicaremos mayor atención en un posteriores reseñas.

13920687_622208571275177_5629853521344020679_n

Terminamos esta segunda reseña con un breve comentario sobre la siguiente parada de nuestro paseo por las galerías de Gijón, la Galería Adriana Suárez. Se trata de un proyecto expositivo, no muy dinámico en cuanto al calendario y número de exposiciones, al mando del cual se encuentra Adriana Suárez profesional de dilatada trayectoria, ya  que junto a su hermano Diego (ATM-Altamira) continuan la labor  de su padre Eduardo, fundador de una de las galerías más señeras de nuestra ciudad, la Galería Altamira.

La galería de Adriana Suárez es un espacio pequeño pero acogedor, y sus exposiciones siempre sorprenden con alguna pieza importante como es el caso de la presente muestra, en la que podemos confrontar la obra de dos artistas asturianos a los que les une el apellido pero con  distintas trayectorias, Antonio Suárez (Gijón, 1923-Madrid, 2013) y Armando Suárez (Gijón, 1928-2002).

Lo cierto es que no entendemos muy bien la relación establecida, más que por la coetaneidad y la coincidencia del apellido, ya que sus trayectorias y sus obras no comparten a priori muchos más aspectos en común, pero creemos que por el interés de ambos autores, y de las obras que aquí se presentan, es necesaria una breve parada.

La obra de Antonio Suárez es bastante conocida ya no sólo en Asturias sino en toda España, ya que sus orígenes pictóricos se vinculan a, México, a  Madrid y a la fundación del grupo “El Paso”. Las obras que podemos contemplar suyas en esta exposición, son una muestra de como la figuración convive con un auge de la abstracción en España,  y como el uso del color contrasta con un tipo de obras oscuras que caracterizan durante época franquista a casi todos los artistas que forman parte del grupo El Paso. Recordemos que las obras expuestas, son de la década de los 80 por lo que se puede comprender el uso de una paleta más colorista , y esa “recuperación” de una figuración un tanto onírica o melancólica, como plasmación de los recuerdos de su infancia, de paisajes asturianos que formaban parte de su memoria, los cuales nunca abandono por completo. Algunas de las obras que aquí se muestran, sin ser las más características del autor, adquieren para mi bastante interés ya que muestran cierta vinculación con lo que se ha querido denominar , “escuela asturiana”,  con ello me refiero principalmente a que las composiciones que vemos en estas obras me recuerdan a algunas de las empleadas por Nicanor Piñole cuando pinta paisajes desde la quinta Chor (la valla que separa el espacio construido del espacio natural), quizás también algo tengan que ver lo colores y tonalidades empleados en estas obras.

Mención aparte merece la obra de Armando Suárez, tío de esta saga de galeristas, cuya  pintura es bastante valorada por los coleccionistas de nuestra región.

Armando, padecía una enfermedad mental, la cual probablemente, contribuyó a la creación de una obra muy personal. La pintura se convierte para él en una especie de terapia, una manera  de reflejar como él veía las cosas, y así las mostraba con gran rotundidad en las formas, en los volúmenes, renunciando poco a poco a todo lo superfluo, centrando la atención en el propio objeto  y creando su propio universo iconográfico en el que, durante un buena temporada, los ovnis son protagonistas fundamentales de sus obras.

En la galería destacan unas obras que muestran un rincón de Cimavilla, la antigua fábrica de Moreda y la antigua rula de Gijón. Escenas en las que la rotundidad a la que hemos aludido es evidente en el grueso trazo negro que delimita cada uno de los volúmenes que configuran la obra, remarcando los hitos que formaron parte no sólo de su memoria sino de la de todos los gijoneses que recuerdan aquellas antiguas estampas de la ciudad.

La figura de este artista es reivindicada por estos galeristas , no sólo debido a fines mercantilistas  vinculados a la gran colección de obras que pertenecen a la familia, sino también al justo reconocimiento de su trabajo fuera de nuestra región así su obra ha podido contemplarse en ARCO 2011 . Lo cierto es que frente a posibles estrategias especulativas que se vinculan a su obra, esta es digna de elogio debido a la particular visión de la realidad por parte de su autor tanto a nivel artístico como histórico. De su producción de bodegones y de sus inquietantes ovnis , ya encontraremos momento para hablar en otra ocasión, pero no me puedo resistir a cerrar estas lineas sin una imagen de uno de ellos.

6438385

 

*Todas las imágenes han sido tomadas de la web.

De exposiciones por Gijón, agosto 2016, (I. Museo Barjola).

Consciente de que este blog de reciente creación necesita un pequeño texto a modo de presentación, mi cabeza y mis manos piden antes escribir una breve reseña sobre algunas de las exposiciones de las que he podido disfrutar en un paseo por las galerías de la ciudad y algún que otro museo.

Precisamente la visita comienza en el Museo Barjola, a donde me dirijo con la intención de ver la exposición de Mariano Matarranz (Madrid, 1952), titulada “Memoria de los signos. Materia primigenia”. Las exposiciones de Matarranz son para mi una apuesta segura, una forma de asegurarte que verás buena pintura, buen oficio y que la jornada de exposiciones será satisfactoria, y una vez más, no me he equivocado, nada más entrar en el museo concretamente a la entrada de la capilla, vemos dos piezas que nos  transmiten cierta incomodidad, ya que no permite que me haga una idea de lo que me espera una vez me adentre en la capilla.

Las obras del hall crean ese desconcierto al que me he referido, lo cierto es que tras observar la pieza de la capilla, dichas obras se entienden mejor. La primera de ellas es un volumen exento realizado a base de materia pictórica sobre tela pero alcanza unos volumen y una forma que no logramos entender ni apreciar hasta que no vemos la obra principal de la muestra, algo similar a lo que ocurre con el dibujo que la acompaña, cuyo cristal, un tanto traslucido, no hacen mas que incrementar dicha desorientación del espectador que, se resuelve una vez entras en el espacio de la capilla.

Una vez dentro de la capilla, el impacto de la obra que allí se encuentra es innegable para todo quien la visita, bien sea por las dimensiones de la obra (560 x 400 cm) como por la propia intensidad de la misma  a lo cual, sin duda alguna, favorece el propio espacio desacralizado de la capilla. Sobre dicha obra nada nuevo que decir. En cuanto al artista, una vez más nos sorprende con una magistral lección de PINTURA, y pongo pintura con mayúsculas ya que supone una demostración del oficio de pintor, que no de artista. Una obra seria y llena de sentimiento, que nos invita a una introspección entorno a la propia obra pero también, en torno a esos sentimientos universales que definen al ser humano. Pero no quiero detenerme en tratar de expresar todo lo que la obra trasmite ya que supondría un gran esfuerzo inútil. Es sin duda una de esas obras que invitn e incitan a una experiencia personal, íntima,  para quien la observa. Una obra de las que nacen para ser contempladas, vividas , y no explicadas (este asunto del arte para ser contemplado lo retomaremos en contraposición a las ya no tan nuevas tendencias artísticas por las que toda obra parece que ha de ser explicada para su disfrute, esas obra que nacen unidas a un texto, a unas palabras por parte de la figura de un comisario o cualquier otro mediador cultural que tratan de justificar su sueldo terminando con la autonomía del arte, con la mera contemplación… pero esto es otro tema).

mariano-matarranz-museo-barjola-4

 

Ya en el Museo Barjola y aunque la finalidad de la visita sea contemplar la exposición de Matarranz, aprovecho para echar un vistazo al resto de salas, y así en el primer piso puedo observar la obra de Andrés Rábago García, “El Roto” (Madrid, 1947).

Para comentar brevemente dicha muestra, he de decir antes que me declaro admirador de sus tan afortunadas y precisas viñetas  y he de añadir que ya había visto algunas de sus obras pictóricas en anteriores exposiciones en la Galería Cornión, resultándome obras bastante planas y duras. 

Mi concepto de la obra pictórica de El Roto ha variado un poco, precisamente debido a que algunas de las obras que aquí se presentan no me resultan tan planas y creo que poco a poco el artista comienza a mostrar cierto interés por captar ciertas atmósferas y volúmenes de las figuras que lo alejan un poco de sus viñetas a favor de una mayor independencia pictórica.

 

Continuando con mi visita al Museo Barjola subo a las dos plantas superiores en la que se muestran obras de la colección del Museo pertenecientes al artista cuya donación da origen al museo, Juan Barjola (Badajoz 1919- Madrid 2004). No me detendré a comentar la obra de este artista , pero si me gustaría terminar el presente post con algunas de las obras que, en mi opinión, han hecho de este artista una importante figura del arte español del s.XX.

Pescadora     Pescadora, 1958.
Niño de suburbio     Niño de suburbio, 1962.
El otro muro de las lamentaciones     El otro muro de las lamentaciones, 1971.
Momento erótico      Momento erótico, 1974.
Maternidad     Maternidad, 1985.
Crucifixión      Crucifixión, 1986.
Recuerdos de mi infancia      Recuerdos de mi infancia, 1990
Madurez y pubertad     Madurez y pubertad, 1990.

 

Todas las fotos han sido tomadas de la página web del Museo Barjola.

http://www.museobarjola.es